José Alastuey Alayeto, socio honorífico de Cooperativa Virgen de la Oliva: “No podemos quedarnos parados; hay que adaptarse a los cambios”

¿Cuál es la clave para mantenerse tan bien?

Pues será mantenerse activo. Como no puedo parar, estoy pensando en ver cómo podemos hacer más cosas e ir más allá. Ser positivo y valiente, para seguir adelante, es fundamental.

¿Desde cuando es socio de la cooperativa?

Desde que se fundó la cooperativa, y eso pasó en 1943. Soy el socio número 40 de los más de 2.000 socios con los que cuenta la cooperativa. Antes había unas oficinas en el pueblo, hasta que compramos los terrenos y decidimos venir al polígono. Aún recuerdo cuando con la primera junta, con 8 o 10 compañeros y conseguimos los 32 millones de pesetas para iniciar la obra de las primeras oficinas, con Jesus Longás, entonces como presidente.

¿Cómo eran entonces los negocios?

Con 12 años ya trabajaba en el campo. Las cosas eran muy diferentes entonces. Trabajábamos de sol a sol. Recuerdo cuando volvíamos del campo con los remolques llenos de alfalfa y parábamos en el bar para negociar con los compradores, quienes entonces acudían allí como punto de encuentro. Era entonces todo más personal y directo, pero te daban lo que te daban. Ahora todo está más profesionalizado y las gestiones se realizan en despachos, como debe ser.

“En algún momento hemos tenido incertidumbres, pero es lo normal de cualquier empresa. Y es que los niños nacen todos los días, por eso no podemos quedarnos parados y hay que adaptarse a los cambios”

¿Por qué decidieron crear una cooperativa?

Los nuevos tiempos nos llamaban a la puerta y veíamos que era necesario un nuevo orden de las cosas. Así que los agricultores más jóvenes nos implicamos en la idea de fundar una cooperativa que nos agrupase a todos para conseguir beneficios para todos. Las cooperativas en aquel tiempo ya estaban floreciendo, como por ejemplo la de Tauste, antes que la nuestra. Más de un centenar de personas fueron las que apoyaron aquella primera iniciativa. En algún momento hemos tenido incertidumbres, pero es lo normal de cualquier empresa. Y es que los niños nacen todos los días, por eso no podemos quedarnos parados y hay que adaptarse a los cambios.

“La construcción del pantano de Yesa fue un antes y un después radical, que supuso que 62.000 hectáreas de secano se convirtiesen en regadío. Pero la población ha ido creciendo, las necesidades también se han modificado, y hay que adaptarse a los nuevos tiempos”

¿Qué cultivaban entonces?

Alfalfa y maíz. Entonces se recogían las panochas, se ponían en silos, pero sin desgranar. No había cosechadoras. El progreso entonces era de otra manera. Antes se cultivaba mucho la remolacha, pero este último fue ganando terreno hasta que finalmente el otro cultivo desapareció (recuerdo que poníamos dos partes de remolacha y una de maíz). El tomate y el pimiento también han disminuido su producción por la presión de los mercados internacionales, que producen más y más barato.

¿Qué momento ha sido decisivo en la agricultura de Ejea?

La construcción del pantano de Yesa fue un antes y un después radical, que supuso que 62.000 hectáreas de secano se convirtiesen en regadío. Pero la población ha ido creciendo, las necesidades también se han modificado, y hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Por eso con el recrecimiento de Yesa daremos abasto por fin a las necesidades de la tierra, ya que ahora la agricultura pasa por un momento problemático por la falta de agua.

Pero usted sigue implicándose en el campo…

A mi la agricultura me ha gustado desde niño. Incluso si hubiese nacido ahora querría seguir siendo agricultor. Mis padres eran agricultores, y mis abuelos también. Yo, junto con mis hermanos, éramos 5 en casa, compramos una finca de 500 ha, que nos costó 6.000 pesetas, pero en el año 56. Esta profesión hay que vivirla y es necesario sentir pasión por ella, porque es sacrificada, pero sólo puede entenderla quien se dedica a ella. Pero ahora dejo paso a los jóvenes.

¿Alguien sigue su legado?

Mi sobrino, junto con su mujer, son la nueva generación, y ellos deben seguir adelante con lo que hemos logrado los que estuvimos antes. A veces tenemos diferentes maneras de ver las cosas, pero es normal, es lo que implica la diferencia entre generaciones, pero son muy trabajadores y les entusiasma el campo. Dedicándose a la agricultura, hay que trabajar, y duro.

“Sin duda, éste es el mejor momento para la agricultura; contamos con una buena tecnología, preparación y formación, experiencia y aptitud de progreso”

¿Qué momento vive ahora la agricultura?

Creo que bueno; los precios que se pagan ahora hacen rentable dedicarse a la agricultura. Pero hay que ser consciente que la cadena alimentaria debe respetarse, porque los cambios en un eslabón pueden afectar a otros, como sucede con la ganadería, ya que tampoco es justo que paguen los ganaderos la subida de los precios de las materias primas. Sin duda, éste es el mejor momento para la agricultura; contamos con una buena tecnología, preparación y formación, experiencia y aptitud de progreso. Al fin y al cabo, comer es una costumbre que tenemos todos y a la que nos debemos todos los días de nuestra vida. Así que espero que la agricultura sea una profesión de presente y también de futuro.

¿Qué les pide a los políticos?

No olvidemos que el agricultor es también empresario, y que él sólo debe sacarse las castañas del fuego, porque somos un sector dejado de lado por la clase política, y no debería ser así.

 


Perfil de José Alastuey Alayeto

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Dice que tiene muchos años y que ya es mayor, pero su ímpetu es el propio de un auténtico emprendedor joven de espíritu y mente. José Alastuey Alayeto es uno de los socios más antiguos de la cooperativa Virgen de la Oliva, incluso participó en la creación de la sociedad y en las primeras iniciativas en 1943. En 2011 recibió la distinción como socio honorífico de la Cooperativa, que se entrega a los cooperativistas con mayor edad y tradición de la institución. Cuenta con una amplia explotación de la que hoy se ocupa su sobrino, pero sigue yendo al campo y se informa de las novedades relativas al sector. Capaz de conversar sobre un amplio abanico de temas, la entrevista con José es fresca, amena y divertida. Locuaz y con una memoria excelente, Alastuey recuerda otros tiempos en el campo, pero es partidario de adaptarse para seguir avanzando, ya que, como dice, ìel progreso no para y los niños nacen todos los días.